No era depresión, era capitalismo

Tengo ansiedad productiva, siento que todos trabajan más duro que yo y que me quedo atrás, que no trabajo lo suficientemente rápido ni las horas suficientes. Percibo que estoy perdiendo el tiempo.

No me siento a desayunar, pido un café para llevar; llamo a un amigo mientras conduzco ya que una conversión con él me quita demasiado tiempo.

Dejo para luego todo aquello que no me acerca a mis sueños, como si las cosas que pospongo no fueran mis sueños. ¿Acaso no sueño con tener un amigo para poder llamarle y tener una mesa para desayunar?

En vez de eso, me pierdo en la pobre necesidad de optimizar cada hora de mi día, de mejorar, de ganar dinero, de avanzar en mi carrera; porque eso es precisamente tener éxito en la vida.

Excavo mi propia vida, la empaqueto, la vendo al mundo y cuando me piden más, escarbo en mis huesos deseando escribir cualquier cosa.

Siento como el capitalismo se ha metido en mi cabeza y me ha hecho creer que valgo lo que produzco y lo que la gente llega a consumir de ello.

El capitalismo se ha medito en mi cabeza y me ha hecho creer que solo valgo lo que produzco.

Con todo, he aprendido a estar alerta,  también he aprendido a sembrar semillas en el suelo y a querer flores para el día siguiente.

Pero la vida no funciona así, la vida no vale más porque haya descubierto cómo hacer más cosas en un solo día.

La vida se mueve según las leyes de la Naturaleza y la Naturaleza tiene sus tiempos.

La vida pasa cuando jugamos, cuando reímos, cuando bailamos, cuando soñamos despiertos.

Ahí está todo lo que tiene poder de satisfacernos.

Ahí está, esperándonos.

Jurramenditik

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