En defensa del Bien Común

Artículo colectivo* publicado en www.naiz.eus 21/07/2023 |

Una casa fuerte solo puede ser destruida desde dentro: ninguna viga centenaria soporta la carcoma. El pequeño animal corrompe la madera ancestral y la convierte en polvo que se derrumba.

Al leer esta frase nos vienen a la memoria decenas de ejemplos y se podrían realizar un sinfín de analogías de hogares, instituciones, gobiernos, estados y demás sistemas organizativos de los que nos hemos dotado a lo largo de la historia y que han sucumbido más por problemas internos, a los que no se les prestó atención a su debido tiempo, que por amenazas propiamente externas.

El Carlismo como organización y movimiento político no es una excepción a este fenómeno y como bien es conocido, su dilatado periplo de casi 200 años de existencia está plagado de personajes, desde líderes destacados hasta militantes de base, que cual carcoma se han ido empeñado en utilizar las más variopintas estrategias para ir horadando y desgastando su estructura con el objetivo de hacerlo desaparecer.

Hasta aquí nada nuevo. Con el paso del tiempo, cada cual queda retratado por sus acciones e incluso omisiones, siempre directamente proporcionales al grado de responsabilidad ostentado dentro de la correspondiente estructura organizativa.

También es sabido de la fuerza y compromiso de muchos de sus militantes que, a pesar de los avatares vividos, lejos de arredrarse y de arrojar la toalla, han continuado fieles a sus ideas confiando en un proyecto común, creyendo en un instrumento válido para la transformación de esta sociedad, que a pesar de la abundancia para unos pocos, tan llena de carencias y necesidades está, especialmente en el ámbito de la justicia social.

A pesar de ello, lo que realmente sorprende es que hoy en día, en pleno siglo XXI, siga habiendo personas que dediquen su tiempo a intentar carcomer nuestro Partido para convertirlo precisamente en polvo. Llaman poderosamente la atención comportamientos de ciertos militantes que elegidos para ocupar cargos de responsabilidad, con la esperanza de que su gestión sea provechosa para el bien del Partido Carlista y de sacar proyectos válidos adelante, actúen llenos de odio y resentimiento centrados más en deshacer que en hacer.

Empeñados en obstaculizar el normal funcionamiento de un partido democrático que no contento con sufrir, en su día, amenazas externas como agresiones brutales y asesinatos por grupos de ultraderecha o su no legalización por el actual régimen hasta que lo consideró oportuno, tiene que seguir sufriendo los efectos de una carcoma persistente que no ceja en su empeño de corromper el tronco ancestral que nos une a lo largo todo este tiempo, que no es otro que la lucha por la consecución de una sociedad más justa, libre y solidaria, siempre en defensa del bien común.

*Bittori Salinas, David Martínez, Delia Tejedor, Ernesto Pérez, Evarist Olcina, Ignacio Salsamendi, Mari Carmen García y Santiago Albiol.

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