El caso Leire Díez, en el que la asesora de Pedro Sánchez habría sido víctima de un seguimiento o intromisión por parte de elementos vinculados al Estado (o de estructuras parapoliciales), vuelve a poner sobre la mesa el problema de las cloacas del Estado: un aparato informal de poder, formado por sectores policiales, judiciales, mediáticos y de “inteligencia”, que operan al margen del control democrático.
Que el PSOE, como partido en el gobierno, tolere, utilice o no desmonte estas redes, es una grave traición a los propios valores democráticos y al legado antifranquista. En lugar de desmantelar las cloacas, parece que las ha heredado y domesticado para su propio beneficio.
Entendemos el caso Leire Díez como una muestra preocupante del deterioro democrático, lo cual va en contra de los principios fundamentales del socialismo democrático, la transparencia y el respeto a las libertades civiles.
El gobierno de Pedro Sánchez ha utilizado la exposición del caso como arma política, buscando generar simpatía y victimismo —poniendo el foco en la “persecución personal” a través de Leire Díez—, pero sin abordar las estructuras profundas que hacen posible este tipo de espionajes y filtraciones.
No se puede convertir una cuestión estructural en una anécdota personal. El PSOE hace populismo emocional para encubrir su inacción ante la degeneración democrática. ¿Dónde están las comisiones de investigación reales? ¿Dónde está la depuración de responsabilidades en el Ministerio del Interior?
El PSOE, que se presenta como un dique frente a la derecha y la ultraderecha, ha reproducido muchas de las prácticas del régimen del 78, incluida la colaboración con sectores corruptos del llamado Estado profundo. Casos como el de Villarejo, Kitchen, Pegasus, y ahora este nuevo episodio, muestran que las “cloacas” siguen plenamente activas.
No se puede combatir el autoritarismo desde el cinismo. Una izquierda transformadora exige depuración institucional real, control ciudadano sobre los aparatos del Estado, y transparencia radical. De lo contrario, el PSOE no se diferencia en lo fundamental del PP: ambos protegen los mismos intereses y los mismos mecanismos oscuros.
El affaire Leire Díez no es una excepción, sino una expresión más de un sistema político en crisis, donde los aparatos del Estado funcionan como herramientas de poder opaco.
Lo que se necesita no es una reforma cosmética ni el enésimo relato victimista del PSOE sino una ruptura democrática: para desmantelar las cloacas, poner fin a los privilegios del Estado profundo, y construir una nueva institucionalidad al servicio del pueblo y no de las élites partidistas.

