Stop corrupción

Los recientes escándalos que involucran a Koldo García —exasesor del exministro José Luis Ábalos— y las ramificaciones que alcanzan a figuras como Santos Cerdán, o incluso Ramón Alzórriz, María Chivite y Pedro Sánchez, deben ser motivo de seria reflexión y autocrítica.

Desde la izquierda no se puede tolerar la corrupción como “mal menor” frente a la derecha. Hacerlo sería traicionar el sentido transformador de la política progresista. La lucha contra la corrupción no es un eslogan para aplicar a los adversarios, sino un deber interno constante. Y si bien Pedro Sánchez ha intentado marcar distancia, la contundencia del Gobierno en estos casos ha sido tardía y únicamente de carácter defensivo.

La regeneración democrática no puede depender solo de los jueces, sino de una cultura política radicalmente diferente. Este es un momento para que la izquierda recuerde que no solo debe ser distinta de la derecha en sus fines, sino también en sus medios. Y eso exige una ruptura clara con las redes clientelares, una renovación interna valiente y una mayor conexión con las demandas de una ciudadanía que exige honestidad, justicia y coherencia.

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