La superación de la actual crisis de crispación política requiere un esfuerzo colectivo que trascienda las fronteras partidistas. Las fuerzas progresistas de izquierda tenemos la responsabilidad histórica de liderar este proceso, no desde la ingenuidad, sino desde la comprensión de que la democracia es un bien común que debe ser defendido activamente.
El camino no va a ser fácil, pero la alternativa —el aumento y consolidación de la ultraderecha— es inaceptable para cualquier proyecto de sociedad justa y libre. Es hora de actuar antes de que la polarización alcance niveles irreversibles.
El futuro de la democracia se decide ahora. Depende de nosotros que ese futuro sea digno de nuestras mejores aspiraciones colectivas.

